Criar a un hijo implica darle, primero raíces para que pueda crecer y más tarde alas para que pueda volar. Son importantísimas las primeras relaciones donde el niño puede sentirse seguro o inestable, luego este mismo niño puede experimentar la aceptación o el rechazo. Todo ello va cimentando la autoestima. Lo ideal es que el individuo en sus primeros años sienta protección y libertad, la sobreprotección lo infantiliza y la falta de protección lo sobreexige. 

Existen diferentes motivos para que un individuo sienta que su autoestima está baja, por ejemplo puede ser que sus demandas sean tan elevadas que cuando siente que las respuestas de la realidad no son las esperadas se sienta que no vale nada, en ese caso allí estaría ligado a la omnipotencia. Ahí no hay que reforzar la autoestima sino bajar la omnipotencia.

Podríamos preguntarnos qué lesiona mas a un niño: que los padres no esperen nada de él  y sea condescendientes o que esperen mucho y se sienta insatisfecho?  La condescendencia puede ser mortífera, la conformidad frente al fracaso  puede hacerle sentir al sujeto que es la única opción que tiene, en ese caso estarían los padres reforzando una imposibilidad.

Para ser más rigurosos definimos a la autoestima como aquel conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones y sentimientos dirigidos hacia nuestra manera de ser y percibir nuestro cuerpo.  Sería la percepción evaluativa de nosotros mismos.

Luis Hornstein propone considerar a la autoestima como una necesidad básica y explica que ésta actúa como el sistema inmunológico del psiquismo, le proporciona resistencia, fortaleza y capacidad de recuperación.  Por otra parte no existe una buena autoestima sin los otros y tampoco contra los otros o a costa de los otros, en definitiva se debe pensar la autoestima siempre en la intersubjetividad.

Otra cuestión importante a tener en cuentas que si bien las bases de la autoestima se construyen durante la infancia, durante nuestra vida va fluctuando de acuerdo a las distintas interacciones del sujeto con el medio y a las experiencias resultantes de las mismas.

La autoestima es una experiencia íntima, es lo que yo pienso y siento de mi mismo, no tiene que ver con lo que otra persona siente acerca de mi, mi familia, amigos, compañeros pueden amarme y admirarme y aún así puedo sentirme insignificante.

Si bien el sujeto puede satisfacer las expectativas de otros, sin embargo pueden fracasar respecto a lo que siente para sí.  De nada sirve conseguir éxito, ni posesiones materiales, ni conquistas sexuales o cirugías estéticas, si mi autoestima no está equilibrada. Una autoestima baja nos hace menos resistentes ante las exigencias y problemas a lo que la vida nos enfrenta.

Si no creemos en nosotros, en que podemos lograr cosas y ser amados, el mundo se nos vuelve peligroso, amenazante. ¿Quién soy?, ¿Cuáles son mis cualidades? ¿Cuáles mis defectos? ¿De qué soy capaz? ¿Cuánto valgo para mí y para los que me importan? ¿Merezco el afecto y respeto de los demás? ¿Siento una distancia muy grande entre lo que soy y lo que quisiera ser? ¿Soy una persona que lucha o se tira para abajo?

Esa mirada sobre nosotros mismos es vital.  Cuando es positiva nos hace actuar tranquilos y seguros pero si es negativa provoca grandes sufrimientos. La autoestima nos permite mantener relaciones afectivas satisfactorias, lograr cierta autonomía y cumplir metas.  Un buen nivel de autoestima hace que no necesitemos tanto tiempo ni energía en defender o promocionar nuestra imagen, esta se defiende sola.  En cambio una autoestima baja o inestable hace que estemos muy pendientes de las críticas y el reconocimiento de los otros.

Se puede lograr una sólida autoestima? La respuesta es sí. Pero esto se construye con trabajo, y dedicación.  La autoestima bien lograda nos da alas para pensar, desear, enfrentar las dificultades y a no estar demasiado pendientes del juicio de los otros.  Tolerar los fracasos y sentirnos dignos del amor de los demás a la vez que poder soportar que alguien nos deje de amar. La autoestima bien lograda no se construye de una sola vez y para siempre, puede sufrir accidentes, heridas, etc. Lo importante es que siempre existe la posibilidad de repararla o reconstruirla.

Autora: Mgter. Estela Dova. Psicóloga – M.P 1936, Miembro de Fundación Clínica de la Familia.

 


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Artículos de interés y actividades por la salud emocional, Informar para la salud

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