Esta es una de las épocas más abrumadoras del año. Consejos para capitalizar las experiencias y que el saldo esté a favor, más allá de los resultados reales o las cuentas pendientes.

Cada vez que se acerca el cierre de año, empieza una vorágine por actividades sin terminar, compromisos, recuentos de última hora, y, en la última posición, la planificación del próximo período.
Para muchos, cada fin de año es extenuante por la cantidad de actividades a desarrollar en tiempo récord. Es frecuente que aparezca la autoexigencia, que parece obligar a hacer en pocos días aquellas cosas que no se resolvieron a lo largo de los meses. Es el momento del tan esperado (o temido) balance: una evaluación directa del peso que las acciones han tenido en los resultados.

Por lo general, hacer balances a fin de año suele llenar de frustración a muchas personas, sobre todo debido a los objetivos que no se cumplieron, ya sean personales o profesionales.

Lo importante es saber que, más allá del logro obtenido, es posible que, por la marcha de los acontecimientos, los cambios y los contextos, algunos de los objetivos no llegaron a concretarse.

Desde una mirada interna, podemos encarar este ritual de tres maneras:

Lo negativo > Lo que no pudiste alcanzar o cumplir

Lo positivo > Todo lo que sí concretaste

La alternativa > Qué podés hacer mejor

Pretender que el balance “cierre suele ser una utopía. Lo que sí es posible es capitalizar las experiencias de tal forma que el saldo sea positivo.

Conviene contabilizar los intentos y también aquellos puntos de inflexión, que quizás llegaron en forma de experiencias desafiantes o incluso dolorosas. La tendencia de la mayoría de las personas es que el estado emocional del momento preciso en que hacen el balance influye en cómo lo evalúan, algo que no es muy objetivo. 

Para poner un ejemplo: si hacés un brindis con tus amigos expresando tu balance en medio de una fiesta divertida, seguramente tenderá a ser más positivo; si lo hacés en medio de una crisis, el resultado será más negativo. Esto significa que el entorno y el momento influye a la hora de hacer las recapitulaciones. Lo ideal es buscar el mayor equilibrio para que ni lo emocional afecte tanto ni lo racional deje ocultos los sentimientos legítimos de las situaciones que vivís.

7 ejercicios prácticos para que el balance siempre sea positivo

1 – Hacé balances parciales

Llegar justo al final y querer hacer una evaluación suele ser agotador y abrumador, sobre todo si estás en la vorágine propia de estas fechas. Lo conveniente es hacer una recapitulación cada tres meses para enfocarte en los aspectos esenciales de tu vida (ejemplo: salud, familia, pareja, trabajo, ocio).

2 – Creá un balance de gratitud

Se trata de poner de relieve todas las cosas por las que estás agradecido, empezando por lo más simple. Si lo hacés diariamente en tu etapa de balance (por ejemplo, durante todo el mes de diciembre), observarás un mayor equilibrio y posibilidad de ver las situaciones desde otra perspectiva.

3 – Hacé el balance en primera persona

Muchos tienen la tendencia a hacer el balance en relación con los demás: “porque tal persona hizo tal cosa, me siento así en cierto aspecto y por eso mi balance es asá . La invitación es a hacerlo en primera persona, ya que los resultados dependen directamente de tus acciones e intenciones. De alguna forma todo lo que vivimos lo creamos, provocamos y permitimos, aunque a veces sea duro de aceptar.

4 – Generá balances compartidos

Esta herramienta es ideal para implementarla en familia o con los compañeros de trabajo. Se trata de dibujar en forma gráfica un balance de equipo, tomando en cuenta la ruta del conjunto durante el período a analizar. Cada uno hará sus aportes, se escribirán con distintos colores, y se buscarán conexiones con flechas entre lo que refleja cada miembro del team.

5 – Proponé una alternativa superadora para el próximo año

Cuando algunos aspectos del balance personal no resultaron como esperabas, la sugerencia es que analices rápidamente los motivos, y, a la vez, evites quedarte rumiando en esa emoción de lo incompleto o lo que no salió según tu expectativa. El paso superador es que coloques una próxima acción de ese aspecto en tu plan de objetivos del siguiente año -por ejemplo-, para encararlo con energía y entusiasmo.

6 – Valorá el peso específico de lo esencial

Otra herramienta es dibujar una balanza con dos platillos (como las antiguas de los almacenes); identificar un lado positivo y otro a mejorar. Sobre cada aspecto, escribir aquellas cosas esenciales de la vida, los pilares de tu existencia y las cosas que para vos son importantes. Sólo eso. Luego, verificá cómo está la balanza y qué cosas podés restar de un lado y agregar del otro para lograr un mayor equilibrio.

7 – Identificá tu propósito

Poné el foco en aquellas acciones que fueron trascedentes para vos desde la perspectiva de tu aporte, tu legado y propósito personal y profesional. Te ayudará escribirlo en listas para tomar dimensión de lo sobresaliente en el período de análisis. La intención es tomar perspectiva de lo cotidiano y observar a distancia la huella que dejaste. Eso te impulsará a seguir adelante.

Fuente: El cronista. Escrito por: Daniel Colombo


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Artículos de interés y actividades por la salud emocional