Autora: Lic. Josefina Peano, Psicóloga – M.P. 7777

Miembro de Fundación Clínica de la Familia – 

Con el objetivo de prevenir esta problemática, se brindan una serie de consideraciones para proteger a los responsables de personas enfermas.

Muchas personas se vuelven dependientes luego de sufrir algún tipo de lesión cerebral (accidente cerebro vascular, traumatismo cráneo encefálico, etc.) o al ser diagnosticados con alguna enfermedad neurodegenerativa (como Enfermedad de Alzheimer), necesitando ser cuidadas por un tercero -que generalmente es un familiar- debido a que les resulta difícil o imposible valerse por sus propios medios.

Dichas personas, que adoptan el rol de cuidadores, pasado un tiempo, tienden a desarrollar episodios de estrés (que varían en síntomas e intensidad) debido a la sobrecarga que implica el cuidar en las diferentes aristas de la vida cotidiana como lo son no solo la alimentación e higiene, sino también vestido, traslado, medicación e incluso la comunicación del familiar enfermo.

Estas tareas, sumadas a las vicisitudes de vida misma e historia y desarrollo del vínculo, pueden generar en el cuidador una actitud negativa frente al hecho de cuidar y posible rechazo hacia el familiar, lo que ocasionaría un gran sentimiento de culpa.

La “Sobrecarga del Cuidador” nos permite a los terapeutas explicar lo que acontece frente a la situación y oficio del cuidar, cuyos síntomas se instalan poco a poco en la vida cotidiana de éste y si bien en un principio pueden pasar inadvertidos, progresivamente cobran fuerza produciendo gran desgaste emocional y físico.

Los síntomas dependen de diferentes factores como la integración social tanto del cuidador como del enfermo, el vínculo premórbido existente entre ambos, el grado de dependencia del familiar, la situación económica y el nivel cultural que permita una comprensión profunda de las necesidades y posibilidades del enfermo.

Las señales que indican la “Sobrecarga del Cuidador” son alteraciones del sueño de manera frecuente (no se trata de un hecho aislado), ansiedad persistente, aislamiento social, consumo de alcohol y cafeína, aumento de adicciones preexistentes, cambios bruscos en el humor, fatiga e irritabilidad. Esto conlleva a dificultades en la capacidad para prestar atención y consecuentemente produce problemas de memoria.

El cuidador, ya cansado de las exigencias y demandas de su familiar, siente tristeza e impotencia, porque lo necesita para poder vivir y, en ocasiones precisará salir, distraerse y querrá retomar las riendas de su vida propia.

Es fundamental saber que existen medidas que se pueden tomar para disminuir el cansancio y sobrecarga, en principio reconocer que se necesita ayuda y que una sola persona no podrá hacerse cargo de todo lo que implica cuidar a un enfermo, por lo que se debe aprender a delegar responsabilidades y saber que las decisiones serán más fáciles de tomar en familia o con el acompañamiento de un tercero.

Hablar del tema permitirá disminuir la carga emocional, ayudando a la aceptación y adaptación del impacto que estas situaciones generan. Hablar permite comenzar a ver otras perspectivas, pudiendo ser útiles los consejos de quienes atraviesan o han pasado por esto.

Apoyarse en el equipo de salud que trata al enfermo permitirá comprender el cuadro general, disminuir las expectativas (o que las mismas sean realistas y acordes a las posibilidades del enfermo) y permitirá dar cuidados más fructíferos disminuyendo los sentimientos de angustia y desesperación propios de estos casos.

En las patologías adquiridas que impliquen cambios físicos y motrices significativos, por ejemplo los ACV, pueden ser muy útiles los consejos de los kinesiólogos para movilizar correctamente al enfermo en el momento del baño, traslado, etc. Las fonoaudiólogas pueden explicar cómo alimentar evitando ahogos, etc. Los psicólogos podrán explicar los cambios de conducta y las variables del ánimo, etc. De este modo cada profesional puede aportar, desde su saber y experiencia, apoyo.

Por último, pero no menos importante, cabe destacar que quien asuma el rol de cuidador deberá dedicarse tiempo a sí mismo protegiendo su salud, cuerpo y emociones ya que no hay cuidador que no tenga una vida aparte.

 


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Artículos de interés y actividades por la salud emocional